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El que espía
la perspectiva de estos mundos
jurando transitar
en cuarto creciente.
Captura el éter para lanzarse
sobre todos los mortales.
Éste que ronda
los escondrijos
más furtivos de la noche
que ingresa a la vigilia.
Extravía las secretas fuentes
cuando insurge babeando
su escritura.
Al que pertenecen los alaridos
como llanto y mareas.
Éste que descansa
sobre sus espaldas.
Éste
de aquí
somos
tú.
Porque vuelven a marchar
triturando nuestro rastro solar.
Mi estela sudorosa
de vinos y temblores.
Repasan acremente
desalando la escarcha.
Opacan y amordazan el barro
que dormita en los párpados
de tu acequia.
Cinchan hebillas
alrededor de mis suburbios.
Desuellan con sus armaduras.
Pero cómo persigues las variables
hirviente entre los muros
como rajas contra el cetro
tu rostro de latir.
Así como rebuscas la canción
en su guarida
otro infructuoso averno
de métricas inútiles
resuelves maldecir y derrumbarlo.
Cómo redimes
la certidumbre más permeable.
Como te refractas de vital intento
cómo explosionas.
De Viento de fuego. Hipocampo Editores
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